miércoles, 6 de agosto de 2008

Padres que pegan

Me presento en este blog como una mamá incha furibunda defensora de la crianza con apego y respeto. Hay muuuuchos temas que tratar al respecto, pero hoy quiero escribirles acerca de pegar a los hijos. Estoy segura que todos conocen personas que les pegan a sus niños "por su bien"... Pues aqui les dejo algunas reflexiones, interioricenlas y háganlas llegar a estos padres confundidos. Un granito de arena de cada una de ustedes, hará la diferencia en la vida de esos chiquitines.

Si alguien es partidario de frases como: "solo entiende a golpes" o "solo dejó de hacer berrinche cuando le di sus nalgadas", esta persona está menospreciando y degradando la inteligencia de su hijo. ¿Acaso no considera que ese pequeño sea capaz de comprender con palabras los conceptos de disciplina? ¿No será más bien que este padre o madre es incapaz de expresar con palabras inteligentes tales conceptos?
Si Jesucristo dijo que de los niños es el reino de los cielos, ¿Acaso los dueños del paraíso son esas criaturas calculadoras y temibles que se generalizan en frases como:
“Ya te tomó la medida”
“Si lo cargas se malcría”
“Déjalo que llore para que se enseñe que no se va a hacer su voluntad”
“Si haces lo que el niño quiere te pierde el respeto”
“Hace berrinches por llamar la atención, no le hagas caso”
“Los niños son mañosos”
Yo creo que no… más bien creo que estas frases creadas por adultos, corresponden más a su propio comportamiento. También creo que la responsabilidad de los padres en cuanto a disciplina se refiere es gigantesca.
Un golpe demuestra la incapacidad de un padre para solucionar un asunto de disciplina con su hijo, de forma ecuánime e inteligente. A mayores golpes, mayor la incapacidad de diálogo y manejo del conflicto por parte del padre. Un golpe es una forma rudimentaria, simple, un burdo intento de arreglar lo que no hemos sabido prevenir.
Como seres humanos tenemos mente y espíritu, capacidad de comunicación y necesidad de afecto; pensemos en estos cuatro aspectos cada vez que el mal humor nos impulse a dar un golpe a nuestros hijos. Con voluntad y amor aplicadas a estos cuatro conceptos siempre se encontrará una solución al conflicto, solución que no solo funcione al momento sino que establezca los cimientos de una relación padre-hijo armoniosa y constructiva.
Que no nos dé flojera pensar un poco a fondo, observar con detenimiento el comportamiento de nuestros niños para conocer las causas del berrinche o mal comportamiento y prevenirlo; seamos valientes y hablemos con la verdad a nuestros hijos, expliquemos el por qué si y por qué no, pero hagámoslo con verdad y justicia porque de eso depende la buena educación.
No olvidemos que para una comunicación efectiva se requiere hablar claro y escuchar atento; el “cállate” o “es asi porque soy tu madre y punto” no funcionan. Nuestros niños tienen cosas importantes que decir, escuchémoslos.
Si creemos que un golpe a tiempo previene mil dolores de cabeza, pensemos un poco más, la comunicación efectiva y el amor solucionan toda una vida de confusión. Si pensamos que una nalgadita no va a marcar su vida, tal vez lleve razón, pero la desatención y confusión que hay detrás del golpe esa si que marca. Y por qué no cambiar las nalgadas y golpes por una enriquecedora conversación entre padre e hijo, ésta si que marcará la vida de ambos pero en forma positiva y los hará mejores personas.
Pero el compromiso de los padres debe ir más allá de las buenas palabras. Se educa con el ejemplo, así que seamos coherentes. Que el comportamiento que pedimos en nuestros hijos sea un hábito en nuestras vidas, solo así el niño nos creerá, confiará y seguirá nuestros pasos.

Reciban muchos besos y pásenlos a sus hijos con piloncito de más.



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